viernes, 25 de mayo de 2012

Comentario crítico de 'Escritos Corsarios'


‘Escritos Corsarios’ es la recopilación de una serie de ensayos, artículos y reflexiones personales de Pasolini publicados en los años 73, 74 y 75 –justo antes de su misterioso asesinato–. Grandeza o defecto de él, por lo que escribía; se buscó, o encontró, enemigos por todos los frentes.  

'Escritos Corsarios', publicado en 2009
Pier Paolo Pasolini fue un escritor, poeta y cineasta que nació al mismo tiempo que el régimen fascista de Mussolini.  Vivió el fascismo y también los embriones de la nueva democracia italiana. En ella participó con el Partido Comunista Italiano hasta que fue expulsado a causa de su homosexualidad.  Esto hace que los artículos estén exentos de cualquier cadena. Pasolini escribe con total libertad de todos los temas de la Italia del momento. Demuestra con pluma creativa y sin pelos en la lengua su gran conocimiento sobre la situación sociológica e histórica del país. Sus tan detallados análisis de la sociedad italiana le permiten, y a todo el que lea sus artículos, comprender hacia donde se dirige el sistema social italiano, así como su recién nacida política democrática.
"La familia ha dejado de ser el núcleo de la Iglesia, ahora es en el seno de la familia donde el hombre se convierte en consumidor"
Temporalmente hablando, en medio de los artículos recogidos en la obra, ocurre uno de los más importantes capítulos de Italia y su democratización: el referéndum del 12 de mayo de 1974 llamó a las urnas a todos los italianos para votar sobre el divorcio. Este hecho no es insólito, lo insólito fue que tanto comunistas como católicos removiesen Roma con Santiago para ir retrasando ese referéndum desde 1970 por temor a que se produjese una grave división del país entre laicos y religiosos. No obstante, como menciona Pasolini en sus artículos, se equivocaron pues menospreciaron a la sociedad italiana que respondió con gran madurez. Laicos y católicos progresistas consiguieron la victoria de “Sí” al divorcio.

Pasolini muestra su clarividencia sobre la sociedad italiana explicando los porqués del resultado. Crítica a los líderes de los democristianos y comunistas por no haber percatado el verdadero avance de la sociedad italiana. Él enlaza ese desarrollo con otro hecho: la cultura del consumismo, la sociedad de masas. La cual crítica duramente y la culpa de la pérdida de la cultura rural italiana.
"La revolución en las comunicaciones han comenzado una obra de homologación destructora de toda autenticidad y cultura original"
Para explicar el gran progreso de la sociedad italiana se basa en dos cuestiones: La desaparición de la Italia rural por culpa de la irrupción de la civilización del consumo, y el avance de las capas medias hacia una “tolerancia a la americana” basada en la satisfacción de la propia persona. Esto supone la creación de una homogeneidad social que ‘engulle’ toda diversidad cultural y sólo deja una: la del consumo. Y claro, el consumismo se enlaza con el desarrollo en los medios. La revolución en los medios ha comenzado una destrucción de toda autenticidad y cultura original creando la sociedad de masas. 

“Cuando uno de aquellos jóvenes decidía ser fascista, ello era puramente casual, no era más que un gesto, inmotivado e irracional". Refiriéndose a los atentados fascistas de Brescia del 28 de Mayo de 1974 –poco después del referéndum–. Explicaba que todos los jóvenes italianos habían crecido con la misma cultura (la del consumismo) por lo que el ser o no ser fascista dependía de una decisión arbitraria. “Hubiera bastado quizá una sola palabra para que ello no sucediese y quizás eran adolescentes de dieciocho años, que no sabían nada de nada, y que se habían arrojado de cabeza en la horrenda aventura por simple desesperación”. Con esto, Pasolini quizás dibuje una realidad plana; quizás quiera pintar de un solo brochazo toda la sociedad italiana y se olvide de las pequeñas pinceladas que son necesarias para representar un óleo de tan magnas características.

Pasolini también vivió los 30 años de gobiernos democristianos. La religión está pereciendo como autoridad y forma de poder. La iglesia se presenta como la némesis de la sociedad de consumo. Esta forma de cultura basada en el hedonismo y materialismo castiga a la iglesia por su pacto con “el diablo”, con el estado burgués que fue el estrato social que generó esta sociedad de masas.
"Nunca ser distinto ha sido una culpa tan espantosa como en este período de tolerancia"
El consumismo es el tema más recurrente de la obra; lo enlaza con todos los demás aspectos que trata y lo señala como el culpable de la homogenización social. Considera que el consumismo ha conseguido que todos queramos ser iguales. No queremos diferenciarnos. El consumismo, por tanto, es el nuevo fascismo.

"El fascismo  fue incapaz de arañar siquiera el alma del pueblo italiano; el nuevo fascismo, a través de los medios de comunicación e información, no sólo la ha arañado, sino que la ha lacerado, la ha violado, la ha afeado para siempre"

Pier Paolo Pasolini

jueves, 17 de mayo de 2012

El hombre que convirtió un inconveniente en una suculenta ventaja


Trece años. Con esa edad los niños suelen recibir juguetes. Sin embargo, uno recibió un desventurado negocio: un desdichado bar de pescadores que convirtió en todo un símbolo gastronómico de la Costa del Sol gracias a una gran idea. 

En el malagueño barrio de El Palo nació Eduardo, o “Nono” como le gustan que le llamen. Creció alrededor del olor a salitre, arena, madera y alquitrán. El que utilizaba su abuelo para teñir las redes. Explica el relato con naturalidad, lo hace de forma directa. Un hombre tan ajetreado no puede permitirse divagar. Mientras narra la historia de cómo su abuelo tuvo que cerrar su negocio de tintero para abrir un bar llamado “El tintero”, atiende a distribuidores y saluda a los camareros. Se echa hacia adelante, símbolo de un hombre cercano. “Yo sigo sirviendo platos”.  Y humilde: “El que crea que lo sabe todo es el más tonto”. 

Está en su casa, acompañado por casi medio millar de sillas con sus respectivas mesas. Es temprano. Aún hay pocos clientes pero el bar ya está en ebullición. Sólo cinco años duró ese pequeño bar de pescadores en las manos de su abuelo. Con tan sólo trece años recibe el negocio. El patriarca familiar lo elige a él por delante de sus nueve hijos. “Mi abuelo me alquila el bar, era su preferido”. Preferido o no. Ese niño contrató a sus dos padres como cocineros.  Esa decisión fue tan descarada como trascendental iba a ser en su vida. Él aún no lo sabía. 

Su puro acento malagueño no se deja amortiguar por los voceríos de subasta de ‘pescaito’ frito. Entre cantos de “¡Espeto, rico ‘espetito’ de sardinas!” y “¡Pulpo, pulpo a la gallega!” cuenta,  con asombrosa normalidad, cómo se le ocurrió la famosa idea de subastar el pescado. Esa innovadora forma de servir el típico pescado frito. Esa con la que los camareros, capaces de llevar en sus brazos decenas de platos, se recorren los salones del bar en busca de clientes ávidos de comer lo que llevan… y lo que cantan. Todo eso ocurre en el ahora llamado “El Tintero 2”, bar situado en el extremo este de El Palo.  

“Mi madre no sabía ni leer ni escribir, así que siempre se liaba con los pedidos”.  Eran los años 70 y aún el analfabetismo dominaba en muchas zonas. Pero, “Nono” le sacó partido. “Tú fríe lo que quieras que ya nosotros lo venderemos”. Con esta frase nace una idea que parece sencilla. Pero desde la barrera se ven muy bien los toros. 

A partir de ahí fue todo mucho más fácil, el invento tuvo “gran aceptación” y rápidamente se mudaron al local en el que ya llevan 36 años “al pie del cañón”. Esa es la filosofía de Eduardo cuando le preguntan por su jubilación. “En la vida no se puede parar de luchar, si paras, estás perdido”. 

Abrieron “El tintero campero”. Una versión del original añadiéndole carne, situado en el valle del Guadalhorce. Él mismo saca el tema de la crisis. Su gesto se torna serio, hasta ahora muy expresivo. “Las cosas están muy duras”.  El habitual discurso deja sitio a una sorpresa: “Nosotros no hemos recortado personal”. Un oasis con la gran idea de Eduardo como fuente. De ella se benefician un centenar de empleados –la mitad en invierno– que no han visto sus empleos terminados. Pero acaba con una mala noticia: “tendremos que hacerlo”.

Un estrechón de manos es el preámbulo a la despedida. Le dan a probar un nuevo pescado de un nuevo proveedor acompañado del habitual alioli. “Muy bueno” dice mientras se aleja esquivando a un camarero que llevaba más de veinte platos de rosada, deseoso por dejarlos en las mesas de los comensales para luego volver a empezar.  Él se ríe con el amago de choque. “Yo nunca he trabajado porque si trabajas en lo que te gusta no te cuesta esfuerzo, no es trabajo”. Un juguete, entonces.