Estrujo mi mente para poder sacarle unas palabras. El
entumecido engranaje que promulgo como mi cerebro parece no responder, no
quiere darme un poco de quintaesencia para poder juntar letras con un mínimo de
sentido.
La música deja escuchar un leve pitido. El Facebook ataca de
nuevo. Y ahí me pierdo en un sinfín de recargar páginas y cambiar de pestañas. Luego
vuelvo a este folio digital en blanco. Vuelvo a perderme en el laberinto de mi
mente. Ya no sé ni teclear y miro el reloj. Es la hora de la cama. Tengo que
irme. No puedo evitar pensar que cuando empecé este texto creí que terminaría
escribiendo “…¡Ya se me ocurrió algo!” y como un loco me iría a plasmarlo en
otro folio en blanco. Eso si hubiera sido un gran texto, no esta ingente
cantidad de letras juntas.
...Tal vez algo de un gran autor me ayude a conseguir esa inspiración... pero tal vez mañana.
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