jueves, 7 de junio de 2012

Momento Preámbulo


Estrujo mi mente para poder sacarle unas palabras. El entumecido engranaje que promulgo como mi cerebro parece no responder, no quiere darme un poco de quintaesencia para poder juntar letras con un mínimo de sentido.

Pongo música; siempre me ha ayudado a evadirme del mundo cercano, me relaja y deja que mis pensamientos fluyan como los peces de colores en un gran y liso estanque oriental.  Eso no surte efecto. Cierro los ojos y miro hacia arriba, aún con mis párpados envolviendo la vista. Como si pudiera ver algo. No lo veo. Ni lo veo, ni lo siento, ni lo huelo ni mucho menos lo siento. Pruebo cambiando de música. Es curioso, las únicas voces capaces de relajarme, de hacerme sentir libre, son las femeninas. Las mujeres tienen en su voz, un algo. No, en realidad lo que no tienen es esa permanente ronquera de los hombres. Su voz es fina. Si la leyese un aparato, su voz aparecería representada por un fina línea recta. Eso es lo que creo que hace que me transporten a un lugar inexistente; donde mi mente se expande. Porque son una carretera.

La música deja escuchar un leve pitido. El Facebook ataca de nuevo. Y ahí me pierdo en un sinfín de recargar páginas y cambiar de pestañas. Luego vuelvo a este folio digital en blanco. Vuelvo a perderme en el laberinto de mi mente. Ya no sé ni teclear y miro el reloj. Es la hora de la cama. Tengo que irme. No puedo evitar pensar que cuando empecé este texto creí que terminaría escribiendo “…¡Ya se me ocurrió algo!” y como un loco me iría a plasmarlo en otro folio en blanco. Eso si hubiera sido un gran texto, no esta ingente cantidad de letras juntas. 

...Tal vez algo de un gran autor me ayude a conseguir esa inspiración... pero tal vez mañana. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario