Así comienza Los Juegos del Hambre, el primero de una
trilogía. Un best seller del que existen más de tres millones de copias impresas y
que ha recibido excepcionales críticas de otras divinidades de los estantes tales
como Stephenie Meyer ―la autora de la saga Crepúsculo― o Stephen King.
El manuscrito arrasó en
las librerías gracias a la combinación de una idea inicial la mar de novedosa y
la utilización de tópicos tan refritos como el amor, la supervivencia y la
opresión del más fuerte. Pero que si no los llamamos tópicos sino ámbitos
esenciales de nuestras vidas, comprendemos sin ningún sobresalto el motivo de
su éxito. Un éxito que engancha hasta la última página. Otro de los motivos de
su gloria: la sencilla (más que sencilla, simplona) literatura. El fragmento de
arriba no es más que una prueba de intenciones de Suzanne Collins, la autora.
El libro está por completo escrito en presente y en 1ª persona y con ello logra
dotar a las acciones de una viveza rítmica y a los sentimientos de los
personajes de una cercanía palpable. Además de evitar al lector leer intrincadas
oraciones subordinadas y enmarañados tiempos compuestos. Todo hay que decirlo.
La acción nos sitúa en Panem,
un país surgido a partir de una Norteamérica post-apocalíptica y en el que
lugar de estados existen Distritos, con extremas desigualdades entre ellos,
controlados por una ciudad llamada El Capitolio. En un principio existieron 13,
pero uno de ellos se sublevó originando una guerra civil entre todos los
distritos y El Capitolio, al que no consiguieron derrotar. Las consecuencias de
su desobediencia fueron la destrucción del Distrito 13 y Los Juegos del Hambre que ayudan a recordar a los
distritos la fuerza de El Capitolio. En esos juegos, doce chicos y doce chicas (de cada uno de los Distritos) se enfrentan en una batalla a muerte retransmitida en directo por televisión:
un reality show (tal y como dice la
propia sinopsis del libro).
Aquí se encuentran los
tópicos de las desigualdades, la opresión, la supervivencia, la amistad y el amor con una idea muy
novedosa: el uso de las cámaras, de la audiencia y de los patrocinadores por
parte de los integrantes que no sólo deben luchar contra sus contrincantes,
sino también fascinar y seducir al público, para ganar y, por tanto,
sobrevivir. “El gran teatro del mundo”, decía Calderón de la Barca.
Katniss Everdeen es una
chica de 16 años de edad que tiene que cuidar de su madre y de su hermana tras
la muerte de su padre. Es una luchadora, inteligente y protector, además de una
maestra con el arco que tuvo (y tiene) que hacer frente al hambre de su familia.
Pero ciertamente tosca e introvertida con la mayoría de las personas. Pero
sobre todo, es la narradora del libro: las descripciones son concisas; la
escritora prefiere detallar con esmero y empatía cada uno de los sentimientos
de la muchacha. Los diálogos, entre que la protagonista habla poco y que los
chavales en la batalla lo que buscan en matarse entre ellos y no charlar sobre
el tiempo, son escasos y sin apenas importancia argumentativa o creatividad
explosiva.
Si buscas un libro
sencillo de leer y que te haga sufrir y sentir como si tú estuvieras salvando
el pellejo día tras día, éste es tu libro. Ahora bien, no esperes
despampanantes florituras literarias, ni complicadas tramas con numerosos
cambios de ritmo y orientación, aunque sí ciertas reflexiones sobre la importancia
de los medios en nuestras vidas, la opresión, el hambre, las desigualdades y
las nefastas consecuencias de las guerras. Así como la crueldad visceral de los
seres humanos.
P.D.: Deseo
fervientemente vuestros comentarios y opiniones sobre la obra y mi crítica.

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