De la caja registradora aparece un trozo de papel. Ese papel tan fino y suave y que si pasas el dedo con insistencia se te queda negro de la tinta aún sin secar. Una mujer. Viste pantalón blanco de enfermera con chaquetilla de algodón negra.
Un niño. Se remueve en sus brazos. El pequeño, como un faro, mira alrededor continuamente. 360 grados de vistazos una y otra vez. El brazo libre de la mujer mete en la bolsa los productos comprados: un paquete de macarrones, un pack de 8 yogures Danone, un pequeño bote de cristal, una caja de galletas ‘Chips Ahoy!’. Su marido, por fortuna para aquellos que esperaban, imprime un ritmo mucho más alto a esa actividad.
–“36 con 43” –musita la cajera.La mujer murmura algo. Ninguno de los presentes logra descifrar su siseo. Ninguno, la dependienta. Ella sí la entiende.
–“¿En tres meses?” –Toquetea la caja registradora–. “No me deja” –comenta, sostiendo en la mano derecha el DNI y la tarjeta del banco de la madre.
![]() |
| Bombardeo de ofertas |
La mujer mira a su marido. El niño se queda inusualmente quieto. En la caja 6 de la gran superficie situada entre los malagueños barrios de Teatinos y Portada Alta todos fruncían el ceño. Los que estaban en la cola, porque estaban esperando más de la cuenta; los protagonistas, por ser protagonistas.
Comenzó así un intercambio de murmullos entre la mujer y la cajera. Al que se le unían los pitidos de la caja registradora chivando el error de conexión: “a final de mes”, “tampoco puedo”, “prueba otra vez”, “ya lo he intentado dos veces”, “una tercera”. La cajera negó con la cabeza dictando sentencia.
Los de la cola miraron para otro lado, como el maldito vecino que se encuentra en el ascensor con una mujer a quien sabe que han maltratado la noche anterior. El marido se apresuró a sacar de las bolsas todos los productos: los coloridos diseños de los Danone y la caja de ‘Chips Ahoy!’ se distinguían entre tanto blanco de la marca del ‘super’.
¿Por qué una familia de tres miembros en esa situación caería en la tentación de comprar esos dos productos? Los ahorradores les tildarían de derrochadores. Los ricos, de “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Esos yogures Danone y la galletas de marca cuestan 3’98€. Mientras que los mismos productos (y más cantidad) marca Discount llegan a 1’96€. La mitad.
Muchos pensarán que dos euros no es nada. Otros, que la calidad es diferente. Pero… ¿Qué es la calidad? Podría referirse al sabor. Pero como es sabido, en el libro de los gustos nada está escrito. Podría referirse a los valores nutricionales. Si se comparan los valores de un yogur de las dos marcas se comprueba que son realmente similares.
![]() |
| Comparativa nutricional entre Danone y Hacendado |
A unos metros de allí, en ese preciso instante, bajo el techo a dos aguas del mismo centro comercial, una joven de aspecto radiante cobra ocho euros la hora por sostener una sonrisa eterna cada mañana de cada sábado de ese mes. En la mano sostiene unos ‘papelejos’ con la promoción a ofertar. A su izquierda un pequeño mostrador hecho de cartón duro. Detrás de ella, una ruleta de tres metros de altura fabricada con el mismo material.
“Traiga su ticket de compra de productos ‘Chips Ahoy!’ y consiga numerosos regalos en nuestra ruleta de la suerte” reza una letra capital en medio de la ruleta. No es ni la calidad, ni la nutrición, ni el derroche. Es la publicidad. Maldita publicidad. Es ella la que sostiene con sus manos esta montaña rusa que nos atolondra. Madre del consumismo y capitana del capitalismo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario