domingo, 20 de octubre de 2013

Maldita publicidad

De la caja registradora aparece un trozo de papel. Ese papel tan fino y suave y que si pasas el dedo con insistencia se te queda negro de la tinta aún sin secar. Una mujer. Viste pantalón blanco de enfermera con chaquetilla de algodón negra. 

Un niño. Se remueve en sus brazos. El pequeño, como un faro, mira alrededor continuamente. 360 grados de vistazos una y otra vez. El brazo libre de la mujer mete en la bolsa los productos comprados: un paquete de macarrones, un pack de 8 yogures Danone, un pequeño bote de cristal, una caja de galletas ‘Chips Ahoy!’. Su marido, por fortuna para aquellos que esperaban, imprime un ritmo mucho más alto a esa actividad. 

–“36 con 43” –musita la cajera.La mujer murmura algo. Ninguno de los presentes logra descifrar su siseo. Ninguno, la dependienta. Ella sí la entiende.


–“¿En tres meses?” –Toquetea la caja registradora–. “No me deja” –comenta, sostiendo en la mano derecha el DNI y la tarjeta del banco de la madre.
Bombardeo de ofertas
La mujer mira a su marido. El niño se queda inusualmente quieto. En la caja 6 de la gran superficie situada entre los malagueños barrios de Teatinos y Portada Alta todos fruncían el ceño. Los que estaban en la cola, porque estaban esperando más de la cuenta; los protagonistas, por ser protagonistas.


Comenzó así un intercambio de murmullos entre la mujer y la cajera. Al que se le unían los pitidos de la caja registradora chivando el error de conexión: “a final de mes”, “tampoco puedo”, “prueba otra vez”, “ya lo he intentado dos veces”, “una tercera”. La cajera negó con la cabeza dictando sentencia.

Los de la cola miraron para otro lado, como el maldito vecino que se encuentra en el ascensor con una mujer a quien sabe que han maltratado la noche anterior. El marido se apresuró a sacar de las bolsas todos los productos: los coloridos diseños de los Danone y la caja de ‘Chips Ahoy!’ se distinguían entre tanto blanco de la marca del ‘super’.

¿Por qué una familia de tres miembros en esa situación caería en la tentación de comprar esos dos productos? Los ahorradores les tildarían de derrochadores. Los ricos, de “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Esos yogures Danone y la galletas de marca cuestan 3’98€. Mientras que los mismos productos (y más cantidad) marca Discount llegan a 1’96€. La mitad.

Muchos pensarán que dos euros no es nada. Otros, que la calidad es diferente. Pero… ¿Qué es la calidad? Podría referirse al sabor. Pero como es sabido, en el libro de los gustos nada está escrito. Podría referirse a los valores nutricionales. Si se comparan los valores de un yogur de las dos marcas se comprueba que son realmente similares.


Comparativa nutricional entre Danone y Hacendado
A unos metros de allí, en ese preciso instante, bajo el techo a dos aguas del mismo centro comercial, una joven de aspecto radiante cobra ocho euros la hora por sostener una sonrisa eterna cada mañana de cada sábado de ese mes. En la mano sostiene unos ‘papelejos’ con la promoción a ofertar. A su izquierda un pequeño mostrador hecho de cartón duro. Detrás de ella, una ruleta de tres metros de altura fabricada con el mismo material.


“Traiga su ticket de compra de productos ‘Chips Ahoy!’ y consiga numerosos regalos en nuestra ruleta de la suerte” reza una letra capital en medio de la ruleta. No es ni la calidad, ni la nutrición, ni el derroche. Es la publicidad. Maldita publicidad. Es ella la que sostiene con sus manos esta montaña rusa que nos atolondra. Madre del consumismo y capitana del capitalismo.

martes, 8 de octubre de 2013

La batalla de los Olivares



No eran más de una treintena de hombres contra 15.000 almas. La aplastante lógica numérica cincelaba en sus rostros la desesperación de quien se sabe derrotado. Los minutos pasaban y el estruendo de sus rivales le hacía un nudo en sus gargantas. La opresión en el pecho producida por la angustia, el dolor de cabeza de quien quiere gritar pero no puede por simple terror: la fatídica espera de quien espera sin saber qué encontrará. Uno de ellos, vestido con su uniforme beige con detalles negros y amarillos, apretaba los dientes y miraba al frente mientras, nervioso, pasaba su peso de una pierna a otra; como si sus piernas no pudiesen sostener el peso de su cuerpo durante un tiempo demasiado prolongado.  En frente de estos abandonados guerreros de terracota, formaban en perfecto desorden y estructurada algarabía millares de personas que verían como sus sueños se cumplirían en cercanos instantes.

   El momento esperado llegó cuando el árbitro entonó el pitido final. El graderío se venía abajo con la fútil esperanza de abrazar o besar a alguno de sus héroes. La treintena de seguratas que protegían el verde observaron, impasibles, cómo un joven vestido de blanco y morado pasaba entre ellos y se lanzaba hacia el montón de jugadores que celebraban el sufrido ascenso de su equipo, del Real Jaén.

   Después de ese pionero; decenas, centenas y millares de personas invadieron el césped que había gestado la hazaña durante la hora y media anterior en la que veintidós jugadores manejaban con los pies una pelota con la intención de meterla en la portería contraria: todo el mundo quería ser parte de la fiesta del fútbol.

Gaitán, a hombros de Toni García, rememora a Antoni Galera
   Sin embargo, momentos antes la historia no había sido tan color de rosa. Los primeros ochenta y cinco minutos fueron una excusa para justificar los últimos cinco: Santi Villa lanza una falta desde el balcón del área y un jugador del huracán de Valencia golpea el balón con la mano o el balón roza el brazo de ese jugador (depende del color de quien lo cuente).

   El colegiado señala penalti y la euforia de la Nueva Victoria estalla en un grito de alegría acompañado de un brazo con el de al lado, puños en alto o, incluso, besar el suelo que sostiene tus pies. Un padre levantaba a su hijo como Rafiki lo hacía con Simba al principio de cierta película de Disney. Euforia justificada pues el Jaén sólo debía mantener el resultado de empate a cero para conseguir el ascenso: un penalti le acercaba su objetivo al alcance de las dos manos.

   Es el propio Santi Villa el que se enfrenta al portero valenciano. La grada ni siquiera presta atención al penalti, restan poco más de dos minutos para el final del encuentro y aunque lo fallara, el Huracán no tendría tiempo a una respuesta: había que celebrarlo. Santi Villa golpea el balón de forma impecable, sin embargo, el palo repele el esférico. Pocos segundos pasan de un barullo en el área visitante a un despeje desesperado que acaba en las botas de un delantero del Huracán. Tenía todo el campo para él.

   Toda la grada preferente fue testigo de cómo el jugador valenciano se plantó delante de Toni García, el meta jienense, en lugar de chutar, cede la bola a un compañero que venía en la segunda jugada: éste remata de primeras y el balón sale de sus botas acariciando el césped, muy lentamente avanza hacia la línea de gol, sin embargo, en última instancia, Raúl Gaitán logra despejar ese balón maldito que tanto recordaba por su lentitud al que les arrebató el ascenso en un 2009. Ese año se enfrentaban al Villarreal B de Garrido. Entonces, Galera no pudo despejarlo, el pequeño submarino logró el empate y el golaveraje le favoreció.

    El estadio enmudeció durante esos largos segundos en los que se veían personas con manos en la cara, otros tirándose del pelo pero, sobre todas las poses, mandaba aquella del conejo de carretera deslumbrado por las luces de un coche que acabaría por atropellarlo: era la mirada del estupor cuya banda sonora eran millares de “no me lo creo” o “no puede ser”: los dos ojos abiertos como platos, sin poder reaccionar.

   Un suspiro general que exhalaba todo el aire contenido seguido de un verdadero grito de alegría era lo que entonaba una Victoria mucho más cauta que antes, que esperó al pitido final para celebrarlo de verdad con los jugadores, con sus amigos y familiares y con el mundo entero. El Real Jaén estaba en segunda. Lo que el fútbol le arrebató once años antes se lo devolvía este verano. La temporada siguiente jugarían en la división de plata, pero eso ya,  es otra guerra. 

jueves, 25 de abril de 2013

Odio


Odio tanto que no sé por donde empezar
Odio a aquellos que no cuentan la verdad
Odio la luna a las 6, odio la impuntualidad

Odio a aquellos que se creen que son los buenos
Odio tener cansancio, hambre, sed o sueño
Odio ver en las calles basura tirada en el suelo

Odio cuando oigo sin escuchar y veo sin mirar
Odio el ketchup y a los que hablan sin pensar
Odio a aquellos trajeados hablando de igualdad

Odio las invitaciones del feisbuk a eventos y juegos
Odio los efecto fan, y también los 'lo haré luego'
Odio a los pasajeros empujando por ser los primeros

Odio los domingos sin hacer nada
Odio las tartas personalizadas
Odio todos los cuentos de hadas

Odio a los príncipes azules
Odio a los políticos gandules
Odio a los políticos

Odio las cifras de desempleo
Odio las tardes de cotilleo
Odio todos los rings de boxeo

Odio tantas cosas que no sé cuando acabar. 

domingo, 7 de abril de 2013

A ninguna otra parte


No lograba entender
Que sentimiento era
Me mataba sin querer
Pero merecía la pena
Torrox, Málaga

Calor inexplicable
Una sonrisa eterna
Tú eres la culpable
De mis noches en vela

Y cuando despertaba
Envuelto en tus recuerdos
Que a mi mente llegaban
Empujados por el viento

Deseada por el sol
Anhelaba encontrarte
Y que no te fueras más
A ninguna otra parte

martes, 12 de febrero de 2013

La otra cara del discurso que removió la conciencia del socialismo


Hoy España se ha levantado con ganas de marcha: con un PP herido de muerte a causa de las continuas acusaciones de corrupción a raíz del caso Bárcenas (y del caso Gürtel, el cual no ha acabado tampoco) y, sobre todo, de las palabras de Beatriz Talegón, líder de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas (IUSY) que pone de tres vueltas y media al socialismo mundial y, por ende, a un PSOE que vira sin rumbo como un pollo sin cabeza.


      No obstante, la bella retórica y el discurso juvenil en contra de los seniles y decrépitos ancianos del partido no es más que eso, palabras vanas y vacías. Palabras dirigidas a aquellos que han perdido los ideales reales del socialismo y que están envilecidos por el diablo del poder y la riqueza. Son, en efecto, palabras idóneas y certeras para la ocasión.

   Sin embargo, son palabras y las palabras no merecen nada más que reflexión ante ellas y no la marabunta de aplausos, rosas y elogios que se ha llevado Beatriz Talegón por, simplemente, defender a su organización. Lo que a los españoles les ha gustado es que ha, aparentemente, atacado a sus mayores enemigos: los políticos que les han llevado a esta situación, que han bajado las ayudas, el sueldo y subido los impuestos. Ahí, los españoles se identifican con sus palabras.

   Otro error de la razón humana: el creer que el enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo. Nada más lejos de la realidad. La líder de IUSY milita (la expresión “pertenece” me parecía demasiado mercantil) en el Partido Socialista Obrero Español. Y, tal y como dice Julián Jiménez, ex-militante de las juventudes del PSOE, en su carta abierta dirigida a esta Beatriz: “Quienes conocemos el podrido funcionamiento del PSOE sabemos que alguien rebelde nunca alcanza una responsabilidad tan alta como la de Dirigente de las IUSY”.

   Así, el ex-militante (que recibió críticas de la propia Beatriz por abandonar el partido), resume su escéptica opinión respecto al discurso que ha “avergonzado” al socialismo internacional con estas palabras: “sinceramente, ex compañera Beatriz Talegón, creo que tu discurso es una mera pose que reclama un Partido Socialista que hace aguas, que necesita poses estéticas para tratar de mantener a incautos de buena fe que vean en tus palabras un aire fresco que en el PSOE no existe”. 

martes, 4 de septiembre de 2012

Carolina. Primera Parte


No en vano aguantaba aquella maldita nieve. Esa estampa navideña tan vulgar y repetitiva como el descomer que arrojaba al excusado cada mañana después del desayuno. No obstante, la incesante precipitación de copos parece llenar de inspiración a todos los intentos de artistas que atiborran las calles de Paris en busca de algo para echarse a la boca, a parte de la inspiración.
La mayoría se limita a molestar a los transeúntes parisinos y a engañar a los turistas que visitan la ciudad del amor, váyase usted a saber por qué la llaman así pues debieran llamarla de cualquier otra forma excepto esa; que las toneladas de hierros que descansan en los campos elíseos sean iluminados de noche no es motivo alguno para esa denominación. El caso es que toleramos a esos pintores de tres al cuarto, pero siempre hay algunos que sacan los pies del plato, los muy imbéciles justifican todas sus acciones por el arte. Y no cuentan con que luego tendrán que verse las caras con la maldita justicia. “El arte es la expresión de la libertad”, dicen. Veremos cómo hacen arte detrás de unas rejas.
  ...
—Han desaparecido tres mujeres en un mes. Dos de ellas las encontramos muertas, por inanición, deshidratación, desnutrición, heridas de cadenas en muñecas y tobillos. Fueron halladas en las cloacas subterráneas —tomé aire. El comisario mecanografiaba  lo que le iba diciendo en su vieja underwoood leader—. Estamos frente a un caso de secuestros en serie,..
El comisario dejó de golpear las teclas, se quitó las gafas y contestó, interrumpiéndome:
—Las dos mujeres no guardan semejanza alguna, ni física ni en parentesco, las familias de ambas no se conocen de nada,  afirman que las chicas tampoco– hablaba muy rápido, casi cabreado. Seguramente por no entender qué ocurría—, eso quiere decir que el asesino lo hace sin distinción personal. Parece como si las eligiera al azar, pero…. ¿Con qué motivo?,  no están forzadas sexualmente, no tenían dinero, ni tampoco sus familias, ¿por qué dejar que se mueran?...
Negué con la cabeza mientras me encogía de hombros.
—Yo tampoco lo sé, Señor Comisario. Además de las leves heridas en muñecas y tobillos, parecen no haber sufrido un acto violento. Ni una pelea o… —y, de nuevo, la impetuosidad de mi jefe no me dejó terminar.
­—Pues vaya y averigüe qué narices ocurre, Detective.
Me despedí de él inclinando levemente mi sombrero.
...
—¡Fuera hace tanto frío! Un frío que desgarrará sin miramientos toda tu bella piel, la hará trizas, cortándola con sus peligrosos copos de nieves­— le decía mientras le besaba su fino cuello. Mejor queda aquí, ¿no estás, Carolina,  más cómoda sentada en mi sofá? ¿Y no estás más cómoda cerca de mi fuego?
Toda mi vida era un teatro que yo me encargaba de interpretar.
—Muchas gracias, Señor Silvestre, de verdad, pero no debería pasar la noche fuera de mi casa, mi familia se podría preocupar— contestó la hermosa chica de piel tersa y blanca, tan limpia como el mármol, mientras se incorporaba del sillón y se quitaba el lujoso abrigo de piel que le había prestado. Quedó así su cuerpo desnudo permitiendo a la luz de la chimenea entretenerse en sus perfectas curvas.  
—¡Oh, cruel reloj que empujas bajo el horizonte al hermoso sol! Yo contemplando tu belleza no me di cuenta de la falta de luz allí arriba. Es más, Carolina, que no podrías permitir que tu lienzo quedara sin acabar.
—No sea dramático, Señor Silvestre ­—me respondió, sonriendo ampliamente, mientras yo hundía mi boca en sus inmaculados y esféricos senos­— que ya volveré mañana al alba para continuar con su obra que soy yo.
Tiene toda la razón, pero un caballero como mi persona no podría permitir que vos, tan bella dama, se marchase sin comer. Sólo deme un minuto, siéntese y prepárese para degustar todo tipo de manjares traídos desde la lejana india la dejé sola en el comedor, me fui a cerrar con llave la puerta de la casa y luego, cumpliendo con mis palabras, me dirigí a la cocina.
Decidí preparar fideos traídos de la Camargue, eché para uno. Los herví con hierbas aromáticas indias o eso dijo el vendedor ambulante que me encontré en el mercado de la especia de París mientras se cocinaban, abrí la primera botella de vino que encontré, lo serví en dos copas finas. A una de ellas le eché mis íntimos polvos mágicos, polvos del sueño. Con sendas copas en las manos, le tendí la marcada a ella y brindamos por el ramen que preparaba. Ambos bebimos mientras reíamos.
...
Desperté. ¿Dónde estaba?, todo era demasiado oscuro, no había ninguna luz, ¿Acaso me había quedado ciega?, me sentía rara, como si estuviera flotando en el aire. Un dolor de cabeza apretaba mi cerebro contra mi cráneo. Sentí mucho miedo, tanto como puede sentir alguien que cree haber muerto.
—¿Señor Silvestre? –musité. Mis ojos no se habían acostumbrado aún a la oscuridad que allí donde yo estuviera reinaba cuando una puerta dejó entrar un torrente de luz. Intenté tapar mis ojos con el fin de no hacerlos sufrir, pero mi extremidad estaba agarrada por una ligadura que no me dejaba moverlo ni tan siquiera un palmo. Cuando mi vista se recuperó del susto luminoso comprendí mi situación. Aquella sensación de levitar era real pues no tenía los pies en el suelo, ellos estaban agarrados a la pared con una abrazadera de metal, igual que mis muñecas. No entendía nada, dejé de mirarme para observar la estancia: sin ventanas, las paredes tenían el mismo acabado blanco roto que toda la cas y suelo de mármol… Suelo de mármol… ¿Rojo?
No era rojo, al menos no del todo, pues tapando el suelo de mármol blanco con vetas negras que se pisaba en toda la casa estaba un charco de sangre.
Vomité, o eso querría haber hecho ante tal sanguinario mejunje.
Encadenada en una habitación con el suelo manchado de sangre, menudo pedazo de cabrón, me miraba sonriente Francesc Silvestre como si yo siguiera sentada en su asqueroso sofá de cuero marroquí, como si no me hubiera envenenado y encarcelado.
—¿Qué ocurre? ¡¿Por qué me hace esto?!
—Querida, vas a formar parte de una obra de arte, vas a ser tan famosa como la Mona Lisa– Yo intentaba responder, pero mi mente no acababa de comprender lo que estaba pasando y mucho menos hablar, de todas formas… ¿Qué habría dicho?
Él volcó su mirada hacia otro lado, en la pared que su vista señalaba estaba colgado un lienzo del que antes no me había percatado.  En él se mostraba la cara de una chica, pero tenía algo extraño, la parte izquierda presentaba un buen aspecto, de chica de bien, limpia, hermosa; no obstante, a medida que mis ojos avanzaban hacia la derecha, su aspecto desmejoraba levemente hasta mostrar, en la parte exterior del pómulo derecho, el aspecto de un cadáver cuya oreja estaba ya putrefacta.
Era bello.
¿Cómo podía estar admirando esa obra de arte? Era fruto de una cruel, lenta y dolorosa muerte. Sin embargo, era tiempo encarcelado en un retrato: tiempo inmóvil. Había conseguido unir la vida y la muerte y los había estrechado de tal forma que no parecían dos estados únicos, sino sólo dos de los muchos que un ser humano puede sufrir.

martes, 21 de agosto de 2012

Una historia de amor en un campo de batalla… ¡retransmitida en directo por televisión!



Así comienza Los Juegos del Hambre, el primero de una trilogía. Un best seller del que existen más de tres millones de copias impresas y que ha recibido excepcionales críticas de otras divinidades de los estantes tales como Stephenie Meyer ­­―la autora de la saga Crepúsculo­― o Stephen King.

El manuscrito arrasó en las librerías gracias a la combinación de una idea inicial la mar de novedosa y la utilización de tópicos tan refritos como el amor, la supervivencia y la opresión del más fuerte. Pero que si no los llamamos tópicos sino ámbitos esenciales de nuestras vidas, comprendemos sin ningún sobresalto el motivo de su éxito. Un éxito que engancha hasta la última página. Otro de los motivos de su gloria: la sencilla (más que sencilla, simplona) literatura. El fragmento de arriba no es más que una prueba de intenciones de Suzanne Collins, la autora. El libro está por completo escrito en presente y en 1ª persona y con ello logra dotar a las acciones de una viveza rítmica y a los sentimientos de los personajes de una cercanía palpable. Además de evitar al lector leer intrincadas oraciones subordinadas y enmarañados tiempos compuestos. Todo hay que decirlo.

La acción nos sitúa en Panem, un país surgido a partir de una Norteamérica post-apocalíptica y en el que lugar de estados existen Distritos, con extremas desigualdades entre ellos, controlados por una ciudad llamada El Capitolio. En un principio existieron 13, pero uno de ellos se sublevó originando una guerra civil entre todos los distritos y El Capitolio, al que no consiguieron derrotar. Las consecuencias de su desobediencia fueron la destrucción del Distrito 13 y Los Juegos del Hambre que ayudan a recordar a los distritos la fuerza de El Capitolio. En esos juegos, doce chicos y doce chicas (de cada uno de los Distritos) se enfrentan en una batalla a muerte retransmitida en directo por televisión: un reality show (tal y como dice la propia sinopsis del libro).

Aquí se encuentran los tópicos de las desigualdades, la opresión, la supervivencia, la amistad y el amor con una idea muy novedosa: el uso de las cámaras, de la audiencia y de los patrocinadores por parte de los integrantes que no sólo deben luchar contra sus contrincantes, sino también fascinar y seducir al público, para ganar y, por tanto, sobrevivir. “El gran teatro del mundo”, decía Calderón de la Barca.

Katniss Everdeen es una chica de 16 años de edad que tiene que cuidar de su madre y de su hermana tras la muerte de su padre. Es una luchadora, inteligente y protector, además de una maestra con el arco que tuvo (y tiene) que hacer frente al hambre de su familia. Pero ciertamente tosca e introvertida con la mayoría de las personas. Pero sobre todo, es la narradora del libro: las descripciones son concisas; la escritora prefiere detallar con esmero y empatía cada uno de los sentimientos de la muchacha. Los diálogos, entre que la protagonista habla poco y que los chavales en la batalla lo que buscan en matarse entre ellos y no charlar sobre el tiempo, son escasos y sin apenas importancia argumentativa o creatividad explosiva.

Si buscas un libro sencillo de leer y que te haga sufrir y sentir como si tú estuvieras salvando el pellejo día tras día, éste es tu libro. Ahora bien, no esperes despampanantes florituras literarias, ni complicadas tramas con numerosos cambios de ritmo y orientación, aunque sí ciertas reflexiones sobre la importancia de los medios en nuestras vidas, la opresión, el hambre, las desigualdades y las nefastas consecuencias de las guerras. Así como la crueldad visceral de los seres humanos.

P.D.: Deseo fervientemente vuestros comentarios y opiniones sobre la obra y mi crítica.